Latinomanía

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La Bolsa de Londres, consciente de la oportunidad que representan, se ha sumado a la carrera de los mercados por conseguir captar las llamadas ‘multilatinas’, las grandes compañías latinoamericanas que, últimamente, acumulan una enorme riqueza. En los últimos meses, han sido numerosas las presiones por parte de los mercados mundiales para conseguir que un inversor de cualquier parte del globo pueda comprar acciones de estas empresas, enriquecidas por la bonanza económica de sus países de origen y por el auge de los precios de las materias primas. Los problemas a los que se enfrentan las plazas bursátiles latinoamericanas en sus procesos de integración hacen peligrar su proyecto, que cuenta con la presión de Wall Street y, en Europa, del español Latibex. La Bolsa de Londres, consciente de la oportunidad que representan, se ha sumado a la carrera de los mercados por conseguir captar las llamadas ‘multilatinas’, las grandes compañías latinoamericanas que, últimamente, acumulan una enorme riqueza. En los últimos meses, han sido numerosas las presiones por parte de los mercados mundiales para conseguir que un inversor de cualquier parte del globo pueda comprar acciones de estas empresas, enriquecidas por la bonanza económica de sus países de origen y por el auge de los precios de las materias primas. Los problemas a los que se enfrentan las plazas bursátiles latinoamericanas en sus procesos de integración hacen peligrar su proyecto, que cuenta con la presión de Wall Street y, en Europa, del español Latibex.

Latinoamérica se ha convertido durante el año 2010 en una de las zonas de mayor crecimiento económico del mundo. El auge del precio de las materias primas, que durante el año pasado tocaron máximos históricos, ha ayudado a que los países de la región muestren un comportamiento excelente en una situación internacional incierta, lo que ha hecho que aumentara el interés de todo el Planeta hacia América Latina. Por este motivo, muchos mercados mundiales intentan atraer hacia sí algunas de las compañías más prósperas de la región, como la brasileña Petrobras. En medio de esta lucha, Latinoamérica intenta defenderse y en los últimos meses algunos de sus mercados han firmado una serie de convenios de integración.

Sin embargo, los problemas internos de estos países pueden desembocar en que sus principales competidores les quiten la oportunidad que ahora tienen entre manos. El que más fuerza ejerce es Wall Street, parqué al que tienen que acudir todos los inversores que quieran comprar acciones de compañías que no estén listadas en su país. Uno de los principales motivos de los proyectos de integración de los mercados latinoamericanos es, precisamente, luchar contra esta ‘omnipresencia’ del parqué estadounidense.

Es decir, en la actualidad, si un inversor chileno quiere, digamos, adquirir títulos de una empresa que cotice en la Bolsa de Colombia, tiene que acudir al parqué estadounidense. Por eso, los nuevos proyectos de los mercados latinoamericanos tienen el objetivo último, precisamente, de evitar que esto sea así.

En este sentido, podemos encontrarnos con un mercado ‘común’ para Chile, Colombia y Perú, proyecto que lleva por nombre Mercado Integrado Latinoamericano (Mila). Chile también ha firmado un acuerdo de integración con la mayor plaza bursátil de la región, Brasil. Por su parte, durante esta semana Perú y Colombia han dado un paso más en esta ‘moda’ que reina en América Latina y han acordado una fusión, según la cual se creará una empresa matriz que unirá a ambos mercados, los cuales conservarán su independencia operativa.

Además de permitir al inversor latinoamericano alejarse de Wall Street, los nuevos convenios otorgarán una mayor competitividad y presencia internacional a los mercados de la región.

Así, la bolsa que nacerá a raíz de la fusión de los parqués colombiano y peruano será la cuarta de la región por patrimonio, con un total de 82 millones de dólares (61 millones de euros). Además, contará con 313 compañías listadas. De acuerdo con las últimas cifras de 2010, las dos plazas en conjunto tienen una capitalización bursátil de 378.000 millones de dólares (280.920 millones de euros) y un volumen de negociación de 33.000 millones de dólares (24.524 millones de euros).

El Mila, por su parte, sería el mayor de los latinoamericanos por número de emisiones, con la cotización de más de 560 firmas, frente a las 406 compañías listadas en México y las 386 en Brasil. Además, alcanzaría una capitalización bursátil de 614.000 millones de dólares (466.931 millones de euros), el segundo mayor de la región después de Brasil, cuya capitalización asciende a 1,47 billones de dólares (1,11 billones de euros). Su volumen total de negociación llegaría a los 55.000 millones de dólares (41.826 millones de euros) al año, frente a los 1,34 billones de dólares (1,01 billones de euros) que se negocian al año en la plaza brasileña.

Por separado, en 2010 la Bolsa de Valores de Lima ha tenido un volumen de transacción por 4.200 millones de dólares (3.193 millones de euros). Por su parte, la bolsa colombiana ha transado acciones por un total de 25.000 millones de dólares (19.011 millones de euros), y la chilena por 45.000 millones de dólares (34.221 millones de euros). Lo que demuestra lo beneficioso que podría resultar para estos países una integración de sus mercados.

Sin embargo, todo parece bastante lioso. El Mila ha corrido un serio peligro debido a una serie de desajustes fiscales que separaban a Perú de Colombia y Chile. En la última semana de 2010, la Bolsa de Valores de Lima anunció que interrumpiría temporalmente su participación en el proyecto debido a una diferencia en la fiscalidad que hacía que la plaza peruana viera mermada su competitividad respecto a sus contrapartes colombiana y chilena.

Y si bien tanto Colombia como Chile decidieron seguir adelante con el proyecto, hubieran resultado perjudicadas por la pérdida de Perú. Desde luego, no en lo que se refiere al tamaño del mercado limeño, de poca importancia, pero sí debido al tipo de compañías que operan en la plaza. La Bolsa de Valores de Lima está copada en un 60% por compañías del sector energético, algo que interesa enormemente a Chile y a Colombia.

En Perú existía una ley que establecía unos impuestos del 30% para las ganancias que lograran los inversores por los títulos de compañías extranjeras que estuvieran listadas en el parqué, mientras que el que debían pagar por los valores nacionales era del 5%. El año legislativo se cerró y el Congreso no había aprobado la modificación que pedía el gobierno, por lo que Roberto Hoyle, presidente de la Bolsa de Valores de Lima, anunció que el mercado se retiraba del Mila. Finalmente el gobierno de Alan García consiguió que la Comisión Permanente del Congreso, que cuenta con capacidad para votar y aprobar normas de carácter urgente, diera el visto bueno a la reforma. Por lo que Perú anunció su reincorporación al proyecto de integración.

Si bien este asunto ha quedado solucionado, no es el único obstáculo al que pueden enfrentarse los proyectos latinoamericanos. La falta de una moneda común, así como de una legislación que una a todas las plazas bursátiles de la región, se erigen como dos grandes problemas a la hora de llevar a buen puerto todos los procesos de integración que existen hoy por hoy en el subcontinente. Y esto es una ventaja con la que cuenta Wall Street para no perder el mercado que en la actualidad tiene abierto.

De esta forma, las plazas bursátiles latinoamericanas deben luchar contra el parqué estadounidense, pero no es el único que intenta aprovechar la situación. Existe un pequeño mercado en Europa, algo así como la aldea gala de Astérix, último reducto que vence a la invasión de los romanos. Se trata del español Latibex.

El Latibex es un mercado bursátil para valores latinoamericanos radicado en Madrid, que opera desde diciembre de 1999. Utiliza la misma plataforma de negociación y liquidación de valores que la Bolsa española, y los valores que lo integran cotizan en euros. El mercado fue creado para, por un lado, permitir a los inversores europeos comprar y vender acciones de compañías latinoamericanas a través de un único mercado, con unos estándares de seguridad y transparencia homogéneos y en una sola divisa. Por otro lado, con el objeto de dar acceso a las principales empresas iberoamericanas al mercado europeo de capitales.

Y ahora también la Bolsa de Londres (LSE, por sus siglas en inglés) intenta coger un trozo del pastel. El parqué anglosajón busca captar compañías de países emergentes, en especial latinoamericanas, para que operen en su mercado. En este sentido, los planes de la plaza bursátil apuntan a que durante este ejercicio se expanda el número de empresas alojadas en su mercado, y para tal fin los responsables buscan compañías de esta región. Esto aumentaría aún más la presión a la que están expuestas las bolsas latinoamericanas.

Ya el parqué londinense había intentado hacer algo con las llamadas ‘multilatinas’ antes incluso del nacimiento en Europa del Latibex. Ahora, la LSE busca expandir este año el número de empresas alojadas en su parqué, con la finalidad de “mantener la competitividad de Londres como mercado en el panorama internacional”, según ha explicado Tracey Pierce, directora de mercados de capital de LSE, a la publicación estadounidense Dow Jones. Algo que, hoy por hoy, es difícil de mantener, según la responsable.

Por este motivo, ya son 50 las personas encargadas de detectar y fichar compañías en el extranjero para que coticen en Londres. Algunos expertos especulan con la posibilidad de que el parqué londinense podría incluso crear una especie de ‘réplica’ del Latibex. Sin embargo, todavía se desconoce cómo podría operar el mercado, incluso si habrá algún índice sectorial que agrupe a estas compañías. Lo más probable es que las acciones se transen en euros, ya que en dólares ya se hace en Wall Street y la libra es una divisa excesivamente pequeña para tal fin. Esto crearía una competencia directa con el pequeño índice español.

Con todo este panorama, los mercados latinoamericanos deben andarse con cuidado para que la presión internacional a la que se hayan expuestos no les haga perder lo que, al fin y al cabo, es suyo. Son un pastel demasiado jugoso.

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