Chávez presiona a los bancos

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La banca venezolana está predestinada, quiera o no quiera, a financiar las peticiones del presidente Hugo Chávez. La espada de Damocles sobre su cabeza, en forma de amenazas y leyes que les exigen, entre otras cosas, dar créditos hipotecarios para construir viviendas sociales, les obliga a ello. La incertidumbre, en forma de caprichos presidenciales, les impide hacer planes a futuro. Deben estar atentos a lo que pueda surgir. La banca venezolana está predestinada, quiera o no quiera, a secundar las peticiones del presidente Hugo Chávez. La espada de Damocles sobre su cabeza, en forma de expropiaciones y leyes que les exigen, entre otras cosas, dar créditos hipotecarios para construir viviendas sociales, les obliga a ello. La incertidumbre, en forma de caprichos presidenciales, les impide hacer planes a futuro. Deben estar atentos a lo que pueda surgir.

El modo de operar del Gobierno venezolano es sencillo. Utiliza el miedo a las expropiaciones como medio para lograr lo que busca. Es decir, después de haber realizado varias nacionalizaciones de empresas que o bien interesaban por ser estratégicas o bien han sido “díscolas” o “críticas” con los modos de hacer del presidente Chávez, aquellas que han quedado, han aprendido la lección. Colaborar y callar. Es el único modo de sobrevivir en Venezuela.

El sector bancario venezolano se ha visto muy mermado después de las expropiaciones que el Gobierno de Chávez ha llevado a cabo desde 2008. Ese año comenzó la apuesta del mandatario por la Banca Pública. Dos años después, la cuantía de entidades se ha reducido a la mitad, hasta situarse en los 40 bancos universales y comerciales de la actualidad. Como resultado de las expropiaciones, varios banqueros se encuentran exiliados y otros han sido encarcelados acusados de corrupción.

Las tensiones continuan activas desde entonces. Chávez necesita de la ayuda de la banca venezolana para finalizar la construcción de viviendas que fueron paralizadas tras detener o perseguir a los empresarios que las estaban gestionando. Según todos los indicios, dichos constructores estaban incurriendo en estafas, recolectando el dinero de los clientes para después no ejecutar las obras.

En total, 33 desarrollos urbanísticos quedaron paralizados por dichas detenciones, dejando a cientos de venezolanos sin viviendas y sin el dinero de las hipotecas. La situación de la vivienda en Venezuela es, cuanto menos, dramática. El Gobierno calcula que hay un déficit cercano a las 200.000 viviendas en un país con una población de 30 millones de habitantes. Las dificultades de la población para acceder a ellas, además de los problemas para lograr créditos, llevaron al Gobierno a tomar dos medidas.

Por una parte, Chávez promulgó la Ley Hipotecaria, que obliga a los bancos a facilitar créditos por medio de los cuales los venezolanos puedan acceder a viviendas. Por otra parte, el propio mandatario anunciaba que su gobierno iba a fijarse como principal objetivo terminar con el déficit habitacional. Lo hacía tras perder las elecciones de septiembre de 2010, donde los partidos de la oposición se hicieron con la mitad de los escaños de la Asamblea Nacional.

En este contexto, con una nueva legislación hipotecaria y una promesa sobre la mesa que difícilmente puede cumplir sin la colaboración de las empresas privadas, Chávez debe presionar a la banca para facilite los créditos. Para ello, cede parte de la responsabilidad de la falta de viviendas a los bancos, que se han negado, según afirma, a dar créditos hasta ahora. Pero debe mostrar los peligros que correrían a aquellos bancos que no respondan como espera. Y no hay mejor manera de dar ejemplo que yendo contra la cabeza visible, aquel que se ha erigido en líder, para que el resto aprenda la lección. Esa cabeza visible, según se afirma en los círculos financieros venezolanos esPedro Rodríguez, el presidente del Banco Provincial, filial del BBVA español en Venezuela.

Hay quien afirma que Rodríguez, de nacionalidad española y con marcado acento andaluz, no ha entendido el país en el que trabaja. Algunas voces malintencionadas aseguran que el presidente del Provincial, que en no pocas ocasiones ha respondido a Chávez en público, tiene una actitud altanera que sus compañeros bancarios se encargan de azuzar con éxito. Rodríguez es, en definitiva, la cara visible de unas quejas, las de los bancos, que quedan normalmente dentro del grupo de los propios banqueros.

Elegida la víctima, solo había que escenificar el “coscorrón”. El presidente Chávez acudió a reunirse con un grupo de personas pertenecientes a uno de esos 33 desarrollos urbanísticos paralizados por el Estado, en San José de Cotiza, el pasado 26 de enero. Estafados por las constructoras, esas personas viene gestionando, por sus propios medios, la finalización de sus viviendas. La reunión, retransmitida en directo por televisión, se torna increíble cuando una de las asistentes se queja al mandatario de que el Banco Provincial se había negado a otorgarles los créditos necesarios para acometer la obra. Los mismos malintencionados aseguran que las propias quejas de la mujer formaban parte de la escenificación del coscorrón.

Sin demora, Chávez toma personalmente el teléfono y llama al presidente del Banco provincial, Pedro Rodríguez. La parte central de esta obra teatral acaba de comenzar y el mandatario asume, como es habitual en su modo de obrar, la responsabilidad de aclara la situación por sí mismo pero, sobretodo, de lograr los aplausos de la concurrencia. Es un gran comunicador, hay que reconocérselo. Con actitud segura, localiza a Pedro Rodríguez y comienza a “conversar” con él. Después de recordarle que, según la ley, está obligado a otorgar créditos hipotecarios, rechaza que la voz del directivo se escuche en directo por televisión. No le gusta confrontar ideas.

El video de la conversación en la que únicamente puede escucharse la voz de Chávez, puede verse en internet. Ésta es la conversación según una fuente próxima al presidente del Provincial que ha preferido quedar en el anonimato. Chávez insista a Rodríguez para que el banco cumpla con sus obligaciones, a lo que Rodríguez responde repetidas veces: «Es que nosotros estamos cumpliendo, Presidente». En respuesta, el jefe de Estado pregunta si lo que quiere decir es que la denuncia presentada es falsa y afirma que está dispuesto a comprar el banco. Rodríguez entra al trapo entonces y argumenta que “para vender el banco hacen falta dos partes, una que venda y una que compre; y el banco no está a la venta».

Esta última respuesta no gusta al mandatario bolivariano. Su afamado “Exprópiese”, con el que se refiere en ocasiones a empresas que el Estado a nacionalizado, deambula por la mente de cada venezolano. “No está en venta, pero yo se lo puedo expropiar” espeta Chávez finalmente. Está molesto, pero el argumento, sin serlo, es suficientemente potente como para que el presidente del Banco Provincial recuerde el país en el que está trabajando y la persona que lo dirige. Asume el chantaje y decide mostrarse conciliador. Se reunirá con el grupo de personas que han realizado la denuncia y promete buscar una solución.

A partir de este momento, los titulares de medio mundo comienzan a hacerse eco de la conversación. El pasado del mandatario, que en sus 12 años de mandato recién cumplidos tiene una media aproximada de 100 nacionalizaciones de empresas por año, se impone, y los diarios publican que el Banco Provincial se encuentra en riesgo de ser expropiado. Los acontecimientos se aceleran, el BBVA niega que vaya a vender el banco y Chávez asegura que no está en sus planes expropiarlo. Y, sin embargo, la banca no tiene más remedio que reaccionar. El miedo, perenne en el día a día de las entidades privadas venezolanas, se impone.

En medios próximos al sector bancario latinoamericano, se ha extendido una cierta sospecha de que, podría ser que, el entorno del presidente Chávez piensa convertir al Banco Provincial en un generosísimo financiador del programa de viviendas sociales en el que está pensando el presidente venezolano. Dicho plan, que anunció después de caer derrotado en las elecciones a la Asamblea Nacional de septiembre de 2010 como promesa estrella, no ha podido llevarse a cabo por diversos motivos relacionados con estafas y corrupciones dentro del sector de la construcción.

En estos mismos medios se asegura que, quizás, la estrategia podría completarse iniciando una nacionalización del Banco una vez que el Provincial tuviera en sus balances esos activos dudosas, es decir, las hipotecas que muchos venezolanos no van a ser capaces de pagar. Por supuesto, del precio final de la expropiación se descontaría el impacto sobre el valor de la entidad financiera esa mala inversión “orientada”.

en cualquier caso, Juan Carlos Escotet, presidente de la Asociación Bancaria de Venezuela, aparece días después en varias entrevistas para tranquilizar la situación. Insiste en repetidas ocasiones en que la banca privada “no tiene absoluta responsabilidad” en las irregularidades que llevaron al Ejecutivo a la intervención de los 33 urbanismos. «No hay hasta ahora ningún banco, al menos de la banca que está hoy en pleno funcionamiento, que pueda ser señalado, o que haya tenido complicidad en una estafa que además repudiamos”, asegura. Y sin embargo, parece que sus declaraciones no van a ser suficientes.

La misma entrevista va a demostrar que, en realidad, Chávez ha conseguido lo que buscaba. El propio Escotet, en nombre de los bancos asociados, anuncia que colaborarán con el Gobierno en finalizar los 33 proyectos paralizados así como en aplacar el déficit habitacional. Chávez aplaude, que no agradece, el anuncio y considera que “la llamadita ha servido para algo”. El chantaje ha tenido éxito.

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