Ante un nuevo año

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Es por estos días de finales de año y principio de otro nuevo, cuando se reflexiona sobre lo que fue el año pasado y lo que se espera, o se desea, del año futuro. De todos los inmensos aspectos de la realidad, nos vamos a fijar en uno de ellos, que son los medios de comunicación. Es por estos días de finales de año y principio de otro nuevo, cuando se reflexiona sobre lo que fue el año pasado y lo que se espera, o se desea, del año futuro. De todos los inmensos aspectos de la realidad, nos vamos a fijar en uno de ellos, que son los medios de comunicación.

Todo el mundo dice que están en crisis, lo que parece evidente. Precariedad laboral, bajos sueldos, temor por los despidos y por los expedientes de regulación de empleo, constituyen una serie de realidades a las que multitud de profesionales de la información se enfrentan día tras día. El Observatorio para el seguimiento de la crisis, creado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), hace unos dos años, contabilizaba del orden de 30 expedientes de cierre de medios y hasta 62 cabeceras con recortes de plantilla, en unos casos recogidas en un expediente de regulación de empleo (ERE) y en otros, con la aplicación de bajas incentivadas o prejubilaciones. En total, el número de periodistas que han perdido su empleo, desde que arrancó la crisis, supera ya los 3,000 y todos estos son datos de la primavera del año que ahora termina. Y viene de inmediato la pregunta, ¿a qué se debe esta situación? En primer lugar, cabe echar la culpa a la crisis. Los medios viven, especialmente, de la publicidad. Y esta se ha reducido considerablemente. Las empresas bastante tienen con sobrevivir y no se muestran dispuestas a grandes inversiones en publicidad. Pero, sea la crisis, más o menos duradera, esta es una razón evidentemente pasajera. La crisis algún día terminará, como todas las crisis que ha habido y que habrá. Pero la causa verdaderamente importante y fundamental es un cambio tecnológico. Vamos a un mundo totalmente digitalizado. Los medios de comunicación tienen que aceptar esta realidad. Lo que no significa que desaparezca el papel, pero este entra en una feroz competencia con todo lo digital. Redes sociales, twitter, ipad , facebook, … son algunos de los términos a los que el periodismo, un nuevo periodismo, tienen que enfrentarse. El autor de un influyente blog, Pablo Mancini, escribe que “el periodismo se nos escurre de las manos cuando nos enojamos con la realidad y ofrecemos a las audiencias temas que no les importan, o formatos y narrativas difíciles de digerir”. “Al periodismo no hay que salvarlo del siglo XXI. Hay que dejar de matarlo pidiéndole que no cambie”.

Los datos que nos ofrecen el extranjero tampoco son ejemplares. “Los últimos años han sido catastróficos para los periódicos más importantes de Estados Unidos”, afirma Phillip Bennett, de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y editor del ‘Washington Post’ desde 2004 hasta 2008. La Tribune Company, propietaria del ‘Chicago Tribune’, ‘Los Angeles Times’, otros diarios y 23 cadenas de televisión, ha declarado la banca rota. Y podríamos citar otros muchos casos más.

No está claro saber, en este momento, cuál es la clase de periodismo que demanda el gran público. Es evidente que se trata de otro periodismo, más de acuerdo con el desarrollo tecnológico. Pero nadie se atreve a vaticinar lo que realmente exige el público. Este año, 2011, se abre con multitud de preguntas. Probablemente –un año es demasiado poco tiempo– no se encuentren las respuestas.

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