Toma de posición

Sólo seis días después de iniciado este año clave para el futuro de Cuba, Raúl Castro ha anunciado una curiosa remodelación de su Gabinete en la que el comandante de la Revolución Ramiro Valdés pierde su puesto como ministro tecnológico, pero refuerza sus poderes como vicepresidente. Muchos opinan que estos cambios en el Gobierno son sólo un avance en la tomas de posiciones que van a producirse ante una futura e hipotética privatización de la economía cubana. Sólo seis días después de iniciado este año clave para el futuro de Cuba, Raúl Castro ha anunciado una curiosa remodelación de su Gabinete en la que el comandante de la Revolución Ramiro Valdés pierde su puesto como ministro tecnológico, pero refuerza sus poderes como vicepresidente.

Muchos opinan que estos cambios en el Gobierno suponen de hecho, el reconocimiento del verdadero poder que acumulan los jugadores que luchan en el tablero de la Isla por el reparto del poder y la propiedad dentro un posible escenario futuro en el que la economía y la política de la Isla queden en ‘manos’ privadas.

Los diplomáticos internacionales peor pensados, creen que Valdés ya ha definido la parte del sistema productivo que reclama para sí. Justo la que se corresponde con las carteras que supervisará (Construcción, la Industria Básica e Informática y las Comunicaciones). Eso podría significar que otros buenos negocios como el turismo se quedarían en el entorno de Raúl Castro.

La división parece clara Si hay que hacer caso a esta versión tan poco argumentada. A medio plazo, serán dos grandes corporaciones empresariales las que articulen el reparto con el que especula la rumorología cubana.

Según Radio Bemba (como se conoce a dicha rumorología), Valdés se hará cargo de un renovado y fortalecido “Grupo de la Electrónica”, empresa que él mismo creó en los años en los que estuvo aparentemente alejado del poder, mientras que Raúl Castro, que ha situado a su yerno al frente de Gaviota, se quedará con la parte del león del negocio turístico. Esto es, como lo cuenta Radio Bemba, es algo parecido a lo que sucedió en la antigua Unión Soviética, cuando se produjo el desmantelamiento de la estructura comunista.

De momento, como decíamos antes, Ramiro Valdés dejará de ser responsable de la Informática y las Comunicaciones pero mantendrá su puesto como vicepresidente del país que ejerce desde 2009. El Gobierno cubano ha decidido liberarle para que pueda hacerse cargo de varios ministerios, entre los que se encuentra el de Construcción, cuyo titular, Fidel Figueroa de la Paz, ha sido cesado por los errores cometidos pero sin dar más información. Su cargo lo ocupará un colaborador de Valdés, René Mesa Villafaña, hasta ahora a cargo del Instituto de Recursos Hidráulicos. La crisis de viviendas en la Isla será uno de los retos del nuevo titular.

Antes de que esta noticia llegara a las rotativas, la primera semana del año ya tenía un significado especial en la Isla. Desde el pasado 1 de enero, el ‘neoliberalismo socialista’ en versión caribeña es real para la población cubana. El menú incluye el despido de 500.000 trabajadores durante los primeros tres meses de 2011. Si se cumple con lo previsto, la ‘salvaje’ reestructuración de plantilla afectará otros 800.000 empleados que serán puestos en la calle, en los próximos tres años, en unas condiciones con las que ni siquiera el ultraderechista más radical del Tea Party de EEUU se atrevería a soñar.

Esta estrategia forma parte de los ajustes económicos que deben ser refrendados el próximo mes de abril, en el VI Congreso del Partido Comunista. En estos días, en la prensa internacional proliferan las crónicas sobre un proceso en el que 1,3 millones de cubanos perderán el empleo y tendrán que espabilar e integrarse en el nuevo ejército de cuentapropistas destinado a cambiar la estructura económica de la Isla. A veces, no siempre, se cuenta que el problema no es perder el sueldo (unos 14 euros de media).

Como explican algunos diplomáticos europeos, que realizan su trabajo en La Habana, lo que se pierde con el puesto de trabajo es la posibilidad de ‘resolver’, de realizar esos pequeños hurtos gracias a los cuales la población puede sobrevivir. También algún cronista narra que los ‘disponibles’ tienen derecho a una indemnización igual a un mes por cada diez años trabajados que, sin duda, ni los miembros más neoliberales del Partido Popular español se atreverían a proponer como fórmula para flexibilizar el mercado laboral.

Otros comentaristas apuntan además que lo que no se dice, y quizá sea peor aún, es que ninguno de esos desempleados va a tener derecho a cualquier otro tipo de prestación posterior similar a los subsidios de paro españoles. Nada de nada. Si usted trabajo 30 años en Cuba y ha sido designado para perder su medio de vida por una de esas ‘estrambóticas’ comisiones en las que los sindicalistas ofician como delatores, le dan 42 euros y se olvidan de que existe. Eso sí que es socialismo del siglo XXI, camaradas.

Además, los analistas callejeros de Radio Bemba (nombre con el que se conoce en Cuba a la circulación de los rumores) muestran una gran preocupación por estas reformas económicas que va a llevar a cabo Raúl Castro para ‘salvar’ la Revolución. Hay hasta quien dice, siempre en voz muy baja, por supuesto, que quizá no estuviera tan mal dejar que se ahogara. Una cosa ya se sabe. Aunque la cartilla de racionamiento adelgace día a día, los cambios de sexo serán gratis.

Al menos eso aseguró hace muy poco el ministro de Economía, Marino Murillo, en la Asamblea del Poder Popular ante la pegunta al respecto que le planteó un diputado. Murillo dijo además que «todo lo que tenga que ver con la salud de las personas en Cuba, jamás en la vida se va a cobrar. Eso se mantiene». Afirmación a los que algunos malintencionados comentaristas han añadido las palabras de momento.

Las reformas sociales, en cambio, no han encontrado un apoyo total en una institución fundamental en la isla caribeña; la Iglesia. Y eso, según Radio Bemba, es un problema debido a la trascendencia social que tiene la religión en la cultura popular del pueblo cubano.

Las discrepancias han sido manifestadas en ‘Palabra Nueva’, una publicación de la Arquidiócesis de La Habana, feudo del cardenal Jaime Ortega. En ella, el economista Orlando Freire ha señalado que «tras varios meses de tanteos sobre los cambios que debían realizarse para actualizar nuestro modelo económico, las autoridades se han decidido por la menos audaz de las reformas que poseían en su arsenal: ampliar el trabajo por cuenta propia (privado)». Freire también critica que el Estado no se haya desprendido de ninguna de sus propiedades.

Hay observadores que echan de menos en estas críticas a la tradicional sensibilidad social de la Iglesia, sobre todo porque no se manifiesta inquietud alguna por la forma en que van a producirse los despidos anunciados. A pesar de sus matizaciones, la Iglesia ha reconocido que el trasvase de trabajadores públicos al sector privado, cuando tenga lugar, conllevará «un cambio del sistema».

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