No es juego de muchachos

La relectura de las principales discusiones políticas en Acción Democrática (AD), el sin duda más importante partido de oposición a la última dictadura, en los tres o cuatro años previos a 1.958; pero, también la filtración de informaciones sobre los ya evidentes movimientos precandidaturales hacia el 2.012, nos convencen de la imperiosidad de dibujar la naturaleza y características del proceso por venir de ahora a una eventual salida de Chávez (una transición a la democracia) y, sobre todo, después de ese año, si es que representa un cambio a favor de los sectores democráticos (lo que nos situaría en una exigente transición democrática). La relectura de las principales discusiones políticas en Acción Democrática (AD), el sin duda más importante partido de oposición a la última dictadura, en los tres o cuatro años previos a 1.958; pero, también la filtración de informaciones sobre los ya evidentes movimientos precandidaturales hacia el 2.012, nos convencen de la imperiosidad de dibujar la naturaleza y características del proceso por venir de ahora a una eventual salida de Chávez (una transición a la democracia) y, sobre todo, después de ese año, si es que representa un cambio a favor de los sectores democráticos (lo que nos situaría en una exigente transición democrática).

Las preocupaciones de Rómulo Betancourt y toda la dirigencia histórica de AD, entre 1.953 (el repliegue táctico) y después de la “Conferencia de Exilados” de enero del ’57 (la nueva táctica), incluían el tema de la inmadurez de la joven dirigencia interna del partido para los nuevos rumbos , las necesarias objetividad y realismo y el riesgo de caer de nuevo en los errores del sectarismo o la desviación en los rigurosos momentos por vivir.

En la situación actual, en la especie de limbo político de la política unitaria recientemente vencedora, la discusión respecto al concepto que oriente los dos períodos referidos se desconoce. Lo cual no quiere decir que no se conozcan algunos atisbos de proposiciones sobre liderazgo y orientaciones.

Lo primero que nos interesa, a los fines del artículo, es precisar y dimensionar los retos a enfrentar, para luego avanzar en la prefiguración mínima del perfil del liderazgo necesario y del bagaje del cual debería dotarse.

Primero y principal, nada está cantado frente a Chávez y Fidel en el 2.012, a pesar del reciente triunfo y las tendencias que de él se definen. Para Chávez y Fidel, el juego de ese año es de vida o muerte, y ya sabemos del talante de ambos especímenes totalitarios y lo que pueden poner en juego.

En segundo lugar, que un cambio en la estrecha correlación de fuerzas entre oficialistas y demócratas, requiere unas capacidades y agenda especiales, ausentes hasta ahora en la política democrática conocida y exigentes en manejo político de situaciones especiales.

Como tercer factor, es de mencionar las características de Paso del Rubicón del 2.012 y las exigencias posteriores, frente al exigente entorno, en caso de triunfo.

Para los tres tipos de circunstancias, sin duda, se requieren capacidades especiales de liderazgo y políticas: el más probado bagaje político; las mejores capacidades negociadoras y diplomáticas; una personalidad fuerte frente al oponente; la comprensión de las exigencias de la conformación, no sólo de un inédito “bloque histórico”, sino de un completo Proyecto Nacional; el diario cuidado de las múltiples acechanzas del postchavismo; la firmeza en el timón que honre ese Proyecto; y, finalmente, el duro trabajo de adecuación de los restos de república a una reinstitucionalización exigente. Eso no es para cualquier aspirante.

Y debo decir, entonces, que los movimientos que se mencionan alrededor de gobernadores, sin completar los atributos antes mencionados –aunque, claro que lícitos- no consideran, sin embargo, la naturaleza y características de lo necesario.

Así como ellos, y sus propulsores, avanzan la prefiguración de sus ofertas, creo perentorio que el sistema político venezolano todo, como parte del debate, comience a considerar seriamente, el tipo de situaciones a enfrentar y las respuestas que él exige.

Betancourt, y quienes de alguna forma le proponían otros derroteros, hicieron un gran ejercicio de elaboración y debate. Las posiciones de la dirección de AD en el exilio (la CC), Luis Augusto Dubuc, Raúl Leoni, Domingo Alberto Rangel, el Grupo de Bolivia, y otros son una referencia en uno y otro sentido. Ese tipo de debates lo creemos también necesario en el tiempo actual. Y fijo posición: lo que viene no es juego de muchachos.

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