Pasen y vean

Los avanzados planes de la petrolera española Repsol, presidida por Antonio Brufau, para buscar crudo en las aguas territoriales de Cuba en el Golfo de México, preocupa y mucho al ‘lobby’ petrolero estadounidense, que ve como se le pueden escapar unos yacimientos que siempre consideró suyos. Sin embargo, ahora el Gobierno de EEUU parece haber abierto la puerta para que estas compañías participen en el negocio de la incipiente industria petrolera cubana. Los avanzados planes de la petrolera española Repsol, presidida por Antonio Brufau, para buscar crudo en las aguas territoriales de Cuba en el Golfo de México, preocupa y mucho al ‘lobby’ petrolero estadounidense, que ve como se le pueden escapar unos yacimientos que siempre consideró suyos. Sin embargo, ahora el Gobierno de EEUU parece haber abierto la puerta para que estas compañías participen en el negocio de la incipiente industria petrolera cubana.

La prensa estadounidense se ha encargado en los últimos días de recoger las peticiones del ‘lobby’ petrolero, sobre todo la parte más ligada a Halliburton. Según asegura The New York Times, algunas compañías han pedido al Gobierno de Barack Obama que se les deje participar en la naciente industria petrolera cubana porque, según argumentan, pocas empresas salvo ellas cuentan con la tecnología suficiente para evitar un siniestro y hacerle frente.

“No se trata de ideología, sino de derrames de petróleo. Las actitudes políticas tienen que cambiar para proteger el Golfo”, afirma Lee Hunt, presidente de la Asociación Internacional de Contratistas de Perforación, al diario neoyorquino.

Las petroleras aseguran que Cuba no cuenta con los medios suficientes para combatir un masivo vertido de crudo, y las compañías estadounidenses tendrían complicado combatirlo debido al bloqueo comercial impuesto a Cuba por el Gobierno de EEUU desde hace 48 años. En virtud de dicho embargo, las empresas se enfrentan a severas restricciones si hacen negocios con Cuba.

El ‘lobby’ juega todas sus cartas, apoya el levantamiento del embargo por un lado y también intenta impedir que la competencia aproveche la situación actual para consolidarse. Además, la precampaña de las elecciones al Congreso y al Senado de EEUU, que tendrán lugar el próximo mes de noviembre, les favorece porque ha convertido a Cuba en uno de los epicentros de los discursos políticos.

Esta fuerte presión llevó a la Casa Blanca a manifestarse sobre el asunto. El portavoz de la secretaria Hillary Clinton, Phillip J. Crowley, afirmó a finales de julio que los vertidos de BP demuestran que para realizar prospecciones petrolíferas o extraer petróleo en esta área es necesario haber planificado y adoptado un protocolo contrastable de medidas de seguridad medioambiental.

Crowley se permitió, además, recordarle a Repsol que las compañías estadounidenses autorizadas en los trabajos de auditoría y control de seguridad pueden obtener licencias para operar en aguas territoriales cubanas si los proyectos reciben la aprobación de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro (OFAC, por sus siglas en inglés).

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